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Los bogotanos no podemos resignarnos
a un eterno trancón

   Por: JORGE ALBERTO MARÍN
   jmarin@infraestructura.org.co
   Director Técnico CCI

En esta semana se dieron a conocer diversos informes sobre la gestión de la saliente administración distrital, y ciertamente en el tema de movilidad el Alcalde Garzón se rajó.

En este caso no solo no se le cumplió a la ciudad, sino al contrario de su eslogan de Gobierno, primó la indiferencia en estos cuatro años.

Los bogotanos nos volvimos a acostumbrar a los trancones. Así parece ser, puesto que las alternativas de movilización en transporte público, a pesar de los avances de TransMilenio, son deficientes en calidad y cobertura. Entonces, el carro particular vuelve a ser partícipe activo en el equilibrio que debe regir la movilización de la ciudadanía. Y claramente, están saturadas las vías.

¿Qué circunstancias nos han llevado a la actual situación? Veamos: En primer lugar la deficiente calidad de la infraestructura vial. Solo el 28 por ciento del total de la malla vial se encuentra en buen estado, el restante 72 por ciento se encuentra en regular y mal estado.

Se necesitan más de 9 billones de pesos para llevar a un nivel óptimo la totalidad de red arterial, intermedia y local; la consecución de estos recursos requerirá en un alto porcentaje de la creatividad financiera de la nueva administración. Eso si, la inversión ordinaria de los recursos administrados por el IDU, no puede repetir campañas como la de ‘Armando Calle y el Reparche’, que a decir verdad no tenía un fin propiamente plausible o ¿alguien conoce del desarrollo del programa o ha visto sus otrora frecuentes avisos publicitarios después de elecciones?

En segundo lugar, la insuficiencia de la infraestructura. Bogotá es una metrópoli en la que se movilizan más de un millón de vehículos, y la presión ejercida a la infraestructura por la entrada anual de 60 mil nuevos carros particulares tuvo respuesta en la aprobación que hiciese el Concejo Distrital en octubre de 2005, para el cobro y recaudo por valorización local de 2,1 billones de pesos a lo largo de diez años (hasta el 2015). Dineros que en un 97 por ciento serán para la construcción de nuevas vías e intersecciones.

Es lamentable, eso sí, que al Alcalde Garzón se demorara dos años en hacer este cobro y que decidiera hacerlo justo en diciembre, cuando los presupuestos de las familias bogotanas se encuentran más que comprometidos. A eso se suman los problemas de entrega de los recibos, lo cual ha termiando con una prórroga hasta el 28 de enero para pagar con el descuento del 15 por ciento. ¡Qué improvisación!

Por último, la ausencia de gestión del tráfico. En dos aspectos esenciales. El primero de ellos originado en la reorganización administrativa del 2006 que entre otras entidades suprimió la Secretaría de Tránsito y creó la denominada Secretaría de Movilidad. Pareciese que los cambios –hechos bajo principios lógicos de eficiencia de la administración pública– hubiesen diluido las funciones y responsabilidades a tal grado, que la adecuada gestión del tráfico no tiene un doliente directo. De hecho, los tiempos de la semaforización en las intersecciones y su modificación en las horas pico de acuerdo con los volúmenes de tránsito no parecen estar acordes con la realidad.

El segundo punto tiene que ver con el ejercicio de la autoridad de tránsito. La pérdida paulatina de la cultura ciudadana que impulsó la administración Mockus, y de la cual tanto nos enorgullecíamos los habitantes de la Capital, es evidente. Los conductores de vehículos particulares volvimos a perder el respeto por las normas. Quien no ha padecido los trancones al transitar por la Carrera 15 por los vehículos detenidos sobre la calzada a lado y lado de la vía? ¿Alguien ha intentado transitar por la Calle 116 sin que hubiese tenido que esquivar los carros estacionados en la vía, cuyos dueños están almorzando en el restaurante del frente? Allí es donde se forman los cuellos de botella y preocupa sobremanera que por ningún lado se ve el control de la Policía de Tránsito. ¿Y que tal el caso de las paralelas de la autopista norte? En fin, la nueva administración distrital deberá emprender de manera inmediata la toma de medidas que reversen la actual inercia de la ciudad en materia de movilidad. Entre otras: la designación de gerencias eminentemente técnicas en las entidades que rigen el sector, es decir: Secretaría de Movilidad, IDU y TransMilenio; y dos, una adecuada articulación de los distintos modos de transporte, es decir, los anunciados Metro, Tren de Cercanías, TransMilenio, servicio público colectivo y vehículo particular. Los bogotanos confiamos en que el nuevo alcalde tenga un manejo más responsable de este capital tema

 

 

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